CONCUBINATO





Sabiendo que el matrimonio es una institución establecida por Dios, vivir en concubinato, es vivir al margen de la Ley dentro de la connotación espiritual. ¿Por qué?

Porque sabiendo que el diablo ha tejido muchas estrategias para quitarle importancia al matrimonio, aceptar el concubinato es menospreciar, desechar lo santo y lo sagrado que Dios nos ofrece para tomar la copia barata que da Satanás y, siempre lo hacemos para realizar nuestra propia voluntad. Vivir en concubinato, es vivir al margen de la Ley de Dios.


La sociedad ha aceptado hoy el concubinato, porque el mundo vive de espaldas a Dios. El mundo, como dice la Palabra, a lo malo llama bueno, y a lo bueno llama malo.


El diablo quiere que se le dé al concubinato la misma jerarquía que tiene el matrimonio, tanto que algunos gobiernos están realizando estudios para eliminar el matrimonio; ellos alegan, que, como los matrimonios actuales no duran más de un año o seis meses, a la vez que se hacen más frecuentes los divorcios que conllevan a un sinfín de molestias, pues lleva a movilizar jueces, fiscales, abogados, etc.




Que unido a la crisis mundial y a lo saturados que están los juzgados, están tomando decisiones para eliminar el matrimonio y evitar las molestias que conlleva el divorcio, anulando así, un decreto establecido por Dios. Y todo esto ocurre a la vez que los homosexuales ganan y reclaman más derechos y les son otorgados, mientras se elimina el modelo perfecto de familia establecido por Dios.


Una vez más, el hombre en su soberbia, se hace necio en su propia sabiduría, caminando siempre de espaldas a Dios.


Debemos tener en cuenta que la Biblia señala a grandes hombres de Dios que a su vez tenían concubinas; esto es solo para enseñarnos la paciencia y el gran amor que Dios tiene con nosotros; y, estos hechos están redactados en la biblia, los buenos y los malos, para que nos sirvan de enseñanza.
Pero Cristo dijo que al principio no fue así, el concubinato no fue algo que Dios apoyara, nunca se dijo que Dios lo apoyara.



Sin embargo, vamos a tomar una enseñanza de nuestro Señor Jesucristo para poder entender el porqué Dios permitió a grandes hombres tener concubinas.



En Mateo 19:4-9 Cristo enseña sobre el divorcio, explica que al principio Dios los creó varón y hembra, que el hombre dejaría a padre y madre y se uniría a “su mujer”, el término “mujer” solo se usa para la esposa, nunca para la concubina. Continúa… y los dos serán una sola carne, por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.


La pregunta fue, ¿Porqué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio y repudiarla? Aquí viene la razón, el motivo de todo, y sin rodeos. “Por la dureza de vuestro corazón Moisés permitió dar carta de divorcio y repudiarla”.


Esto es lo que ocurre con el concubinato, eran costumbres de pueblos vecinos, tener muchas mujeres y concubinas. Pero Dios dijo en Deuteronomio 17:17 “Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe, ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia”.




Esta es la voluntad perfecta de Dios. Sin embargo cuando leemos 1Reyes 11:1-3 vemos la desobediencia del hombre “Pero el rey Salomón amó además de la hija de faraón, a muchas mujeres extranjeras, a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón y a las Heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegareis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A esta, pues, se juntó Salomón con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón”.


Salomón tomó las costumbres de los pueblos vecinos de los cuales Dios había dicho no hacer alianza con ellos. Estos pueblos tenían por costumbre, que un hombre podía tener tantas mujeres como riquezas tuviera, o, tantas mujeres como su poder adquisitivo permitiera. Y en esto Salomón también como vemos se esforzó por no quedarse corto en su desobediencia “1000 mujeres en total”.




Ahora; en la antigüedad, a la concubina nunca se le atribuía la categoría de esposa.
La concubina era casi siempre una esclava, como vemos en el caso de la sierva de Sara, Agar, concubina de Abraham (Gen. 16:1,2).




Existen pruebas documentadas (código de ammurabí) de que era costumbre hacer un contrato matrimonial en el cual se proveía que si la esposa era estéril, debía dar una esclava al esposo para que pudiera tener hijos. Los que así nacían participaban en la herencia, pero si luego la esposa tenía hijos, los suyos tenían precedencia sobre los de la esclava.



Los reyes de Israel tenían concubinas que estaban claramente diferenciadas de las esposas. Pero en el Nuevo Testamento, la Palabra de Dios insiste en el modelo matrimonial original monogámico en el cual “cada uno tenga su propia mujer, y cada mujer tenga su propio marido”. (1Co. 7:2)
Por lo cual, como ya sabemos, todo tiene una connotación espiritual.




¿Consentiré acaso vivir en concubinato sabiendo que eso sería vivir al margen de la Ley de Dios? ¿Seré yo esclavo del pecado? ¿Daré lugar a que se haga la voluntad perfecta de Dios en mi vida, o haré mi propia voluntad sin importarme las consecuencias que esto conlleva?
Cristo vino romper las cadenas esclavitud, ¿Quieres que tus cadenas se rompan?
Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres ¿Quieres ser libre?
Cásate, o sepárate, pero no vivas al margen de la ley de Dios, deja de vivir en fornicación.




Satanás quiere hacerle entender a la gente que en el concubinato la pareja tiene los mismos derechos que en el matrimonio, engaña metiendo en el pensamiento que el matrimonio es una mera formalidad legal, dejando de lado el verdadero significado del matrimonio, pero la esclava nunca tendrá los mismos derechos que la esposa; No nos hagamos esclavos del pecado, de la fornicación.




“No todo el que diga Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mt.7:21)
“Porqué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo” (Lc.6:46)
Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo si queda para siempre.




Así que, si el Hijo os libertare , seréis verdaderamente libres.¨ Juan 8:34-3. No sabéis que cuando os presentáis a alguno como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? (Rom.6:16).
La decisión es tuya

El Señor te bendiga.